lunes, 29 de octubre de 2012

De campamento en el Hospital

A pesar de estar de "Observer" y que mi papel más destacado sea sacar las historias del carrito, me siento todos los días superproactivo en el hospital. Hasta el viernes no me di cuenta de la razón, una de esas asociaciones que hace nuestra cabeza sin mucha coherencia (aparente). Tengo la sensación de estar de campamento todo el rato. Me explico. Aquí no se lleva bata, sino que se pasa visita con camisa con las mangas remangadas, como medida de higiene. Los que no sois scouts, no sabréis que hace ya algunos años nuestro uniforme era una camisa que se vestía siempre con las mangas remangadas en actitud de servicio y disposición al trabajo. Después de más de 15 años remangándome al irme de campamento, cada mañana me siento igual que antes de ir a servir el colacao. El motivo del gesto es diferente, pero eso a mi cabeza se ve que eso no le importa.
Vista desde el Queen Elizabeth Conference Center, donde hacen aquí las charlas de los laboratorios...¡no saben ni nada!
El día a día en el hospital ya lo tengo más o menos organizado, después de un mes de rotación. Por las mañanas planta, por las tardes consulta y los días que no hay me marcho a estudiar (más "phrasal verbs" que medicina, pero es lo que flojea). El último paso de mi nivel de inglés es que comienzo a entender de lo que hablan durante la hora de comer. Yo debo de tener el nivel de conversación de un niño de 10 años que suspende en lengua, pero al tran tran y sin agobios.
La relación médico-paciente y sus diferencias con España no dejan de sorprenderme. En todos los sentidos. La solicitud de información y la participación del paciente en sus decisiones médicas son mucho más cercanas al modelo de autonomía que al paternalismo que manejamos en España. El jueves un paciente dijo aquello de "doctor, es usted el experto, elija el mejor tratamiento y yo me lo tomaré" y el médico se quedó bloqueado sin saber cómo continuar ante aquella cesión de responsabilidad. Otra cosa llamativa (para mí por lo menos) es la ausencia de contacto físico excepto al explorar, y al dar la mano al final de la visita, esto solo si el paciente toma la iniciativa. Ya sé, todo muy tópico, pero no es lo mismo vivirlo. Y además me hace plantearme seriamente el valor de leer cualquier artículo o libro sobre la relación médico-paciente que no se haya escrito en el país en el que uno va a trabajar. Respecto a los gritos e insultos en Urgencias no puedo decir nada, porque cuanto más lejos del infierno, mejor.
Ya fuera del hospital, esta ha sido una semana de despedida. Mis amigos brasileños, Cristian y Mateus, con los que mejores mil había hecho desde que llegué aquí se marcharon el domingo. Una gran excusa para quedar casi a diario a cenar o tomar una cerveza, pero una pena. En algún momento de exaltación de la amistad a altas horas de alguna madrugada, les prometí traducir al inglés el blog. Con calma. Por cierto, no se si lo comenté ya en algún post antes, son el guitarra y el batería de la versión brasileña de La Marca de la Casa, y me han prometido CD si lo graban. ¡Ya veis que tengo facilidad para hacer amigos músicos!
Los días se van acortando, y el cambio de hora les ha dado la puntilla. Desde las 4:30 es de noche. Empiezo a entender, por qué cenan a las 7.

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