Sin mucho tiempo para recuperarme del viaje a Madrid, llegaron de visita Cris, Cris, Ricardo y Dani, para quitarme un poco la nostalgia y hacer turismo, que desde Berlín, no recuerdo yo ningún viaje juntos...¡y ya ha llovido! Muy bien además, esto de que las visitas vengáis con los deberes hechos, con los museos y cosas así ya vistas, para que nos podamos dedicar a conocer el otro Londres. El fin de semana ha dado para muchas cosas, como hablar de nuestro prometedor futuro como "médicos por el mundo" mientras veíamos las luces navideñas de Regent St., que viene a ser como la Gran Vía venida a más. Paseando por la ciudad, hemos descubierto un barrio pasado Tower Bridge con puentes entre las casas, la taberna más antigua de Londres donde ya iba Shakespeare a pillarse toñas al estilo local, y un puesto donde servían Durum de pato con sabor a restaurante chino. Y también hemos descubierto que el cartel en la puerta de St. Paul que dice "On Sunday there are cults, no visits, please be quiet", realmente significa "las visitas los domingos son gratis, y además hay música".
Lo mejor, sin lugar a dudas, ha sido conocer el este de la ciudad, las zonas de Brike Lane y Shoreditch. La primera es una calle abarrotada, llena de restaurantes asiáticos, y con una antigua fábrica de cerveza reconvertida en un mercadillo en el que comprar cualquier tipo de objetos o ropa de segunda mano, algunos de ellos interesantes, otros auténticos desechos, pero todos al mismo precio. Es un sitio desordenado, y sin ninguna presión por los horarios, hasta el punto de que encontramos los que parecía una discoteca con la música más techno de la noche londinense a las 13h del domingo. Lo más alucinante es sentarse en algún bar con vistas a la calle y ver pasar a algunos de los compradores, especialmente los que se sienten atraídos por las cosas más raras.
Shoreditch es un barrio más normal, con muchos restaurantes y sitios para salir, pero que a diferencia de los del centro, no están desbordados de turistas. Sitios más pequeños, más cuidados, y menos comerciales. En un patio de un edificio, encontramos uno que más que un pub inglés recordaba a un local berlinés, con su combinación de sillones gastados (pero limpios), oscuridad con luces de colores, buena música y graffitis en las paredes. La única diferencia es que no te pagaban 0.20€ al devolver el vaso, ese detalle tan alemán. La tercera noche tras buscar infructuosamente un bar en el que ver al Madrid, repetimos garito y nos encontramos con casi todos los presentes disfrazados, ¡una pena no llevar unas castañuelas y un traje de luces en el bolso!
Continua la semana, ya la penúltima de este viaje, parece mentira tras casi 3 meses. Buen momento para acabar, porque estamos entrando ya en punto muerto: ese momento en el que si quiero seguir aprendiendo tengo que empezar a estudiar cosas que ya como internista me valdrán para poco. Así que nos centraremos en el inglés, tomarnos las últimas cervezas, y continuar el recorrido de la oferta cultural. Tras el éxito de We Will Rock You, vamos a probar suerte con The Lion King, a ver qué tal.

