Esto se acaba. Mejor dicho, se acabó. Tres meses han dado para mucho. Profesionalmente ha cubierto todas las expectativas. Abre mucho la mente ver que las cosas bien hechas no son imposibles, y tranquiliza mucho darse cuenta que hasta en sitios como el King Collegue también cuecen habas. Mi inglés ha mejorado lo bastante como para pasar de lo que en España entendemos como "nivel medio" hasta el que en teoría les dije que tenía cuando me preguntaron antes de venir.
Han pasado algo más de 6 años desde que hice las maletas para irme a vivir a Berlín. Es imposible comparar ambas experiencias: ni por la duración, ni por el momento de mi vida, ni por la gente tan fantástica que tuve la suerte de encontrar allí. Y, con todos los respetos a Londres, por la increíble ciudad que es Berlín. Sin embargo, ambas experiencias tienen algo en común. Haberme dado distancia de los problemas y tiempo, para separar lo urgente de lo importante, justo en un momento de cambio: entonces, fin de la carrera; ahora, principio de cualquier proyecto profesional. En esta ocasión, todo se ha cortocircuitado estas dos últimas semanas con el desastre sanitario en Madrid, que se están comiendo cualquier minuto que no estoy en el hospital, incluso cuando estoy allí. Pero es normal, esto entra en el paquete de lo "importante".
Últimas horas en Londres. Últimos paseos, compras y hacer la maleta. Último post del blog. Espero que hayáis disfrutado leyéndolo, tanto como yo escribiéndolo.
Nos vemos el lunes.



