Siempre, en clase de inglés en el colegio me preguntaba a quién se le ocurrían el estúpido guión del libro. Una mujer de Corea, ingeniera, viajaba a Londres para discutir quizás con un ruso, periodista freelance, y un adolescente chileno sobre su color favorito y lo difícil que es llevar un cortaúñas en un avión. Bueno, pues eso es lo que viene a ser un "taller de conversación". No es que nuestro nivel de para más, todo sea dicho. Pero no es razón para que a veces no se haga pesado.
Y efectivamente, cuando salimos de clase tampoco es que seamos capaces de construir una conversación mucho más allá. Por eso, el encontrar un grupo de gente sin prisas, con ganas de hacer un esfuerzo por entenderse y de conocer la ciudad, es una suerte. Ahí nos veis, a mi con mis amigos "londinenses". Formamos un grupo curioso de 2 brasileños, 1 argentina, 1 francés, 1 italiano y yo mismo. Hemos llegado todos a la vez, así que ninguno conocemos Londres, y todos los planes son buenos. Aprovechando lo que parece el último sol, dedicamos el finde a pasear por el centro, descubrir que en algunos parques puedes alquilar una tumbona y merendar en el mercadillo de Notting Hill (si venís alguna vez, ¡merece la pena visitarlo!). Entre semana, el terminar a las 18 las clases y no tener nada especial que hacer luego nos ha permitido sacar partido a las Happy hour de los bares de la zona, que además de pintas al 50% da para tomarte una pizza por 3 eurillos...
Y lo mejor: no nos queda más remedio que hablar en inglés, ¡que para eso vinimos!

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